No todo está inventado: la historia de la máquina que fabrica vasos biodegradables.

En un planeta donde escuchamos cada vez más seguido que “ya está todo inventado”, los jóvenes ponen esto a prueba e innovan en nuevos proyectos ambientales. Así destaca Jerónimo Batista Bucher, estudiante universitario, que con tan solo 18 años desarrolló la “Sorui”, una máquina que fabrica vasos biodegradables.

En esta nota lo entrevistamos para que nos cuente más de este proyecto y las implicancias ambientales que tiene.

Jerónimo, teniendo en cuenta que sos muy joven y estás bastante involucrado con lo científico: te preguntamos ¿a qué edad surgió tu chispa ambiental? ¿Cuándo empezaste a inquietarte por las problemáticas ambientales que vemos día a día?

“Arranqué a involucrarme activamente en experiencias vinculadas a la ciencia y la tecnología más o menos a los 12 años a través de olimpiadas de biología y después también de ciencias compitiendo a nivel nacional, americano e internacional. Después también participé de becas y campamentos científicos en distintos países y entré a la orientación de tecnología de la información y la comunicación, a partir de lo cual comencé con el desarrollo de proyectos y todo eso me fue llevando a interiorizarme en distintas problemáticas y abocarme al desarrollo. 

Siempre me habían llamado la atención las temáticas ambientales, pero fue a partir de la identificación de una problemática concreta que veía a diario y a la cual decidí buscarle una alternativa, que comencé a involucrarme de forma activa, investigando y avanzando con el desarrollo tecnológico.”

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¿Cómo surgió la idea de desarrollar una máquina como La “Sorui”?

“El uso de vasos plásticos desechables produce terribles consecuencias a nivel ambiental. Estos se utilizan constante e intensivamente, siendo de las principales fuentes de residuos en contextos muy variados. Luego de ser usados por única vez, se desechan y perduran por cientos de años convirtiéndose en peligrosos agentes contaminantes que afectan seriamente las costas, los mares, los suelos y, consecuentemente, a todo nuestro planeta. Como solución a esto, desarrollé máquinas que producen y dispensan vasos que pueden usarse para cualquier bebida, sin afectar el contenido y luego se degradan completamente en menos de un par de semanas. Decidí plantear una alternativa científico-tecnológica viable, funcional y amigable con el medio ambiente y así es como surgió Sorui”; la alternativa verde a la producción convencional.

Además de la “Sorui”, ¿qué otros proyectos desarrollaste en este tiempo?

“Estuve durante un tiempo enfocado en el desarrollo de dispositivos termoeléctricos e interiorizándome en materia de energías renovables. Luego empecé con este proyecto, me fue motivando poder saber más sobre el gran impacto que tienen los residuos que generamos y ya hace dos años comencé a formar parte de un grupo de investigación sobre gestión integral de los residuos sólidos urbanos, analizando la problemática desde una perspectiva tanto técnica como antropológica y con la visión del desarrollo sustentable.”

¿Qué es lo que diferencia a estos vasos de los que se usan convencionalmente?
“La particularidad es que se plantea brindar la misma practicidad y características que tiene el producto actual, pero reduciendo de forma abismal el tiempo que tarda luego en degradarse. A su vez, otro punto clave es el hecho de que los costos se encuentren en el rango de valores comerciales actuales de los vasos descartables para poder así tornarse una opción sostenible.”

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¿Qué estás realizando hoy en tu día a día? ¿Cómo es tu vida diaria?

“Actualmente estudio biotecnología en la Universidad Nacional de San Martín y estoy estableciendo un laboratorio de desarrollo para seguir avanzando, lograr mejorar esta solución y escalarla. A su vez estoy en contacto con distintas instituciones interesadas que buscan poder reemplazar los vasos plásticos en sus entornos.”

En un mundo en el que se suele decir “casi todo está inventado”, ¿qué te incentiva a seguir descubriendo todo aquello que todavía no tenemos?

“Lo desafiante de encarar el proceso de generar nuevas alternativas es que nunca tenés muchas certezas. No hay instrucciones para hacerlo. Pero es así y esa incertidumbre, esa intriga de saber si estás en el camino correcto, fue y es lo que más me motiva a seguir buscando.”

¿Qué le dirías a otro que no se anima a comenzar con diferentes proyectos que tienen un bien en la comunidad? 
“La clave para ir conociendo y llegando a las distintas oportunidades pienso que es decidirse a arrancar y, a partir de ahí, siempre moverse. Y también se puede aprovechar como herramienta Maieutics que busca facilitar el acceso a las mismas”

Jerónimo nos enseña que en el campo ambiental nada está completamente desarrollado y todavía tenemos un largo camino que recorrer para poder adaptar nuestras necesidades humanas a los límites del ambiente. Aunque también demuestra que no hay limitaciones para la innovación y sustentabilidad, dos conceptos que se dan la mano, y que podemos adaptar diariamente cada uno de nosotros con las acciones que tomamos, siempre y cuando seamos conscientes de lo que generamos en nuestro entorno.

Nota hecha por:

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Soy Karen Kristensen, tengo 21 años y estudio Gestión Ambiental. La historia de Jerónimo me parece un gran ejemplo a seguir para todos los que buscamos mejorar nuestros hábitos y también al ambiente en el que vivimos. Nunca dejemos de innovar, porque es la única manera de encontrar el equilibrio con nuestro entorno.

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