Pequeñas acciones, grandes impactos.

Si alguien te dijera que pequeñas acciones cotidianas como lavarte los dientes, ducharte, hacer las compras o comer ponen en riesgo la calidad de vida de generaciones presentes y futuras dirías que es un pensamiento un poco extremo, ¿no?

Al día de hoy somos más de 7,5 mil millones de personas habitando este planeta (7.623.103.157 al momento de escribir este artículo) y la cifra va en aumento. Desde esta perspectiva es más fácil entender que los hábitos que tenemos, las actividades que desarrollamos, las formas en que satisfacemos nuestras necesidades, lo que producimos y consumimos, tienen incidencia real en el ambiente. El problema es que no solemos reconocernos como parte activa y responsable de algunos problemas porque, justamente “¿Qué impacto puede tener lo que yo haga entre tanta gente?”.

La realidad es que la acumulación sucesiva de pequeños acontecimientos y la sumatoria de sus efectos son una de las formas más fuertes de impacto ambiental, pero también es la que menos percibimos y por lo tanto, la más difícil de cambiar.

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– “Sólo es una botella”, dijeron 8 mil millones de personas

Hablar de problemáticas ambientales resulta demasiado amplio y cuesta hacernos una idea de qué estamos hablando realmente, así que en esta oportunidad vamos a centrarnos en la contaminación por residuos. No es novedad (o no debería serlo) que estamos tapados de basura. Tal vez seas de los “suertudos” que pueden hacer un nudo en una bolsa, caminar unos pasos y sacar la basura de su vista, pero eso no quiere decir que el problema esté solucionado. Y ciertamente no debería darnos la sensación de “deber cumplido”.

Para ponernos en contexto, acá van algunos datos concretos que nos ayudarán a entender la importancia de tomar conciencia:

– La humanidad generó en los últimos cinco años casi 9,5 mil millones de toneladas de basura, de las cuales más del 30% permanece inalterable, sin la intervención de ningún tipo de proceso: la basura queda tal como fue arrojada sin ser recogida, reciclada o procesada.

– En Argentina se generan un promedio de 1,03 kg de residuos por habitante, por día. Es el equivalente a 45.000 toneladas diarias si tenemos en cuenta a toda la población, alrededor de 16,5 millones cada año.

En este punto sería interesante ejemplificar: Un elefante puede pesar entre 5 y 7 toneladas. Imaginen la cantidad de “elefantes de basura” que estamos poniendo en el planeta!

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– El argentino produce alrededor de 1 kilo de basura a diario. Éste es el detalle de la composición de la basura.

Hasta aquí hablamos de basura en general pero, ¿Qué pasa con el plástico? Se calcula que la cantidad de plástico generada en el planeta desde los inicios de su producción industrial, hace 65 años, es de 8.300 millones de toneladas de material. Mil millones de elefantes.

El plástico es un material que la tierra no logra descomponer, digerir ni reincorporar, por lo tanto, perdurará cientos de años contaminando. Agentes naturales como el sol, el agua o el simple paso del tiempo lo desintegran en partículas menores… es posible que el objeto plástico en cuestión no sea reconocible como tal, pero sus micropartículas siguen ahí, invisibles al ojo humano. Toda pieza de plástico creada en la historia todavía está aquí, ocupando espacio en el planeta, en algún relleno sanitario, en basurales a cielo abierto o amontonándose en los cursos de agua, llegando a los océanos y poniendo en peligro a los animales.

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1. Tortuga creció atrapada por un aro presente en botellas plásticas. 2. Tortuga antes de que activistas removieran un sorbete plástico de su nariz. 3. Ejemplar de albatros en descomposición, sólo resta el plástico que tenia en el estómago, probable causa de su muerte. 4. Lobo marino con una pieza de plástico alrededor de su cuello.

El reciclaje es importante, pero nunca va a ser suficiente por varias razones:

Actualmente sólo se recicla un %10 de la basura producida a nivel mundial. – El plástico, a diferencia de otros materiales, sólo admite un número limitado de veces de reciclado, por lo que eventualmente terminaría descartado de todas maneras.

– El consumo de plástico aumentó indiscriminadamente. Lo usamos en todo y para todo. Así, no hay plan de reciclaje que funcione, ni planeta que resista.

Todo esto suena un poco desesperanzador y habrá quien, incluso entendiendo estos datos, no esté listo para reconocer la parte de responsabilidad que le toca por los impactos de su consumo. Siempre es más fácil echarle la culpa al vecino, al Estado en sus diferentes niveles, al “Sistema” o a la “Sociedad” como si nosotros no fuéramos parte de ellos. Pero como individuos tenemos capacidad de acción. Es hora de hacernos cargo del problema de la basura desde la raíz, y esa raíz, en parte, somos nosotros y nuestras decisiones de consumo.

Hay varias formas de combatir la generación de residuos desde el hogar, y pueden resumirse en 5 R’s que se aplican en el siguiente orden:

1. RECHAZAR: Esta es una invitación a pensar bien antes de llevar algo a nuestra casa. Podemos rechazar todo aquello que realmente no necesitamos, como las muestras gratis, los productos sobreempaquetados o el uso de objetos plásticos descartables, con una utilidad reducida y una duración prácticamente eterna. No te olvides que mucha de la basura que producimos (un tercio para ser más exactos) ni siquiera corresponde a productos en sí, si no a su excesivo packaging. ¡Estás pagando por llevar basura a tu casa!

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Rechazá activamente bolsas plásticas, botellas plásticas, vasos descartables y pajitas. Sólo se usan unos minutos y duran para siempre!!

2. REDUCIR: Para todo aquello que no puedas o no quieras rechazar, siempre es posible reducir las cantidades que usamos o la frecuencia con la que lo consumimos. Toda reducción en nuestros patrones de consumo repercutirá directamente en una disminución de residuos. También es posible reducir el impacto de nuestro consumo al preferir productos artesanales, locales o regionales por sobre artículos importados que tuvieron que recorrer grandes distancias para llegar a vos y que provienen de grandes cadenas de producción, a menudo muy contaminantes y en ocasiones relacionadas a condiciones de trabajo precarias.

3. REUTILIZAR: Preferir productos reutilizables una y otra vez, en lugar de objetos creados para usarse y descartarse. Bolsas reutilizables para las compras, servilletas o paños de tela en lugar de papel, botellas recargables, toallitas y pañales de tela, etc. Este punto también se trata de prolongar al máximo posible la vida útil de un producto (reparándolo si es necesario), y encontrar nuevas utilidades para aquello que usualmente descartamos.

4. REINCORPORAR: Aquí nos referimos exclusivamente a los desechos orgánicos que se producen principalmente en nuestras cocinas: cáscaras, semillas, restos de verduras, y los restos de poda o pasto del jardín. ¡Si es orgánico no es basura! Gestioná tus residuos orgánicos correctamente y no sólo estarás reduciendo tu basura a la mitad, si no que obtendrás tierra abonada para tus plantas! Existen diferentes procesos para reintegrar los materiales orgánicos y sus nutrientes a la tierra: compostaje, lombricultura, pacas digestoras, biodigestión… investigá y elegí el que se ajuste a tus posibilidades.

5. RECICLAR: Lo que a menudo se considera como la estrategia ecológica por excelencia, en realidad debería ser nuestra última opción. Como lo mencionamos anteriormente, el reciclaje es importante, pero no es suficiente. El reciclaje se trata de aplicar un proceso sobre un material para que pueda volver a utilizarse como materia prima. Este paso es el que más escapa a nuestras capacidades como ciudadanos, ya que en él intervienen procesos industriales, que a su vez, dependen de las políticas de gestión de residuos de la ciudad donde vivimos y/o de las propuestas de ONGs o agrupaciones dedicadas a cuestiones ambientales. Los ciudadanos no reciclamos, pero sí podemos habilitar y facilitar que el reciclaje efectivo suceda. Por ello siempre es bueno averiguar qué campañas de reciclaje existen en tu ciudad y, aunque no conozcas ninguna, es importante descartar los materiales separados, limpios y secos para facilitar el trabajo de recuperación posterior.

Como verás, las alternativas son muchas y variadas, la información está disponible y sólo hace falta un poquito de voluntad para poner al menos algo de esto en práctica. Al principio puede resultar abrumador, pero un pequeño cambio lleva a otro y cuando menos lo esperes estarás haciendo la diferencia y sobretodo: ¡Contagiando a tu entorno!

Recordá: Si la lenta acumulación de pequeñas prácticas nocivas y desinformadas fue lo que nos trajo a este punto de contaminación y degradación del ambiente, será la acumulación de pequeñas prácticas informadas, conscientes y bienintencionadas lo que nos llevará a la solución. Tu aporte importa, ¡Sé parte del cambio!

Nota hecha por:

agus

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